¿Un Rebe Mentiroso?

R’ Abraham Iehoshua Heschel de Kopischnitz [1888 – 16 Tamuz 1967] siguió el camino de su predecesor, el Apter Rov en ser un verdadero Ohev Israel, amante de los iehudim. 

En la Norteamérica de las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, él cargó el peso del dolor y sufrimiento de innumerables personas en sus débiles y frágiles hombros. 

De hecho, a menudo cuando oía los problemas de otros, rompía en un llanto ingobernable. El pesar de sus prójimos judíos lo atormentaba mucho más que sus propias aflicciones, y en innumerables oportunidades, el Rebe puso su nombre y honra en riesgo, en un esfuerzo por ayudar a otros. 

Una vez, un sobreviviente destrozado del infierno Nazi se presentó a la puerta del Rebe, llorando histéricamente. Recién había llegado de Europa y esperaba establecerse en América. A su esposa, sin embargo, se le había negado la entrada, debido a su salud deficiente y estaba en Isla de Ellis a la espera de la inminente deportación. El hombre estaba inconsolable y repetía que si su esposa era deportada, él no pensaría dos veces y se quitaría su propia vida. “¡No se preocupe, por favor, no se preocupe!”, imploró el Rebe. “¡Le prometo que la semana próxima su esposa estará aquí junto a usted!”. Al oír las palabras del Rebe, un sentimiento inmediato de calma invadió al hombre apenado y, librado de preocupación, se marchó como una persona nueva. 

R’ Morgenshtern, uno de los jasidim que había sido testigo de la escena, juntó valor y le preguntó al Rebe cómo era posible dar una garantía categórica como esa con tanta facilidad. ¡No era menos que prometer un milagro!. 

“¿Usted vio cuán histérico estaba este pobre hombre?” el Rebe preguntó. “Mi primera preocupación era tranquilizarlo y gracias a Di-s tuve éxito. Por lo menos durante la próxima semana se sentirá bien. Si después de una semana, ve que yo estaba equivocado y su esposa fue deportada, dirá: ‘Abraham Iehoshua no es un verdadero Rebe, Abraham Iehoshua es un mentiroso’. Pero por lo menos durante una semana, logré traer un poco de esperanza a su vida.” 

Con estas palabras el Rebe tomó su Tehilim (Libro de Salmos) y empezó a recitar los versículos con intensa emoción. Cuando las lágrimas caían copiosamente sobre su rostro, podía oírse su súplica: “¡Por favor Hashem, por favor, haz que Abraham Iehoshua no diga una mentira! Sólo estaba intentando ayudar a un judío en una situación patética. ¡¡¡Por favor no me permitas ser un mentiroso!!!” Y de esta forma, por largo rato, sus oraciones continuaron en la noche. 

Hashem oyó sus pedidos y a la semana siguiente le fue concedida la visa a la mujer para quedarse en América, y reunirse con su marido.

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