¿Para quién es la plegaria?

El otro día estaba conversando con un amigo- prominente editor de un periódico local- mientras tomábamos una taza de café y filosofábamos sobre temas sagrados como la vida después de la vida, el kadish que se recita por un ser amado, y la plegaria.

La conversación se puso animada y muy apasionada cuando mi amigo expresó su profunda frustración por su incapacidad de encontrar una escena digna y una forma significativa en la que pudiera expresarse a Di-s.

Había observado las diferentes “marcas” de Judaísmo y los diferentes estilos dentro de ellas, pero no había hallado aún “la pareja perfecta” -nada que se adaptara a sus necesidades espirituales.

Mi respuesta inmediata fue: “¿Sabes? Me siento triste por ti”. Y lo sentía de verdad. Porque cualquiera que haya tenido la oportunidad de rezar -pero rezar en serio- sabe que no hay nada como ello en el mundo. Las preocupaciones mundanas y cotidianas desaparecen; uno entra literalmente en un baño espiritual y sale de allí refrescado y vigorizado con una nueva energía para asumir al mundo, librado de la coerción física, mental, emocional, financiera, etc. que inhiben nuestra verdadera y total felicidad. Descompresión para el cuerpo y el alma.

Pero lo que mi amigo sentía era inhibición. Lo que realmente quería, explicó, era poder escoger las Plegarias, y construir sus propias oraciones, dándole forma a la experiencia de la Tefilá que sería lo más significativa para él. Como un pensamiento posterior le pregunté: “¿Cuál es tu Plegaria favorita?”

Me contestó que es Hineni HeAni Mimaas, la oración cantada por el jazán antes de Musaf en Rosh Hashana y Iom Kipur. (La fuente de esta Tefilá no se conoce concluyentemente, pero muchos la atribuyen al gran Tosafista, Rabi Iaakov ben Meir, conocido como “Rabeinu Tam”.)

En esta conmovedora Plegaria, el jazán pronuncia su falta de mérito para liderar a la congregación en la Tefilá de Musaf. Incluye muchas declaraciones poderosamente humildes que intentan humillar al líder ante la congregación, como: “Miren, soy pobre en hechos meritorios, tembloroso y aterrado, estoy parado frente a Aquel que está entronizado en las alabanzas de Israel… Acepta mi Plegaria como si fuera la Plegaria de un hombre entrado en años y con experiencia en orar, cuya conducta en su juventud fuera intachable, cuya barba está crecida, cuya voz es dulce y cuyo carácter es agradable para sus semejantes…” 

Señalé a mi amigo que su elección era muy irónica. “Tu frustración con la Tefilá es porque no sacas nada significativo de ella” dije “y tu Plegaria favorita es una en la que jazán implora a Di-s para que acepte su Tefilá pues él no es digno de liderarla; una Tefilá que dice esencialmente que la Plegaria no es acerca de ti. La libertad y alegría que ofrece la oración, reside precisamente en la humildad que evoca- en el darse cuenta que la Plegaria no se trata de que la persona que ora se sienta bien por ello, sino en entrar en unión con Di-s. Sólo entonces se alcanza, aunque inadvertidamente, la liberación y la esperanza que la Tefilá incorpora.”

Era una visión que no había apreciado hasta que tuvimos esta conversación aunque, como concepto, lo había estudiado en la Ieshivá. Mi amigo el editor “secular”, me enseñó una lección que nunca había podido entender en toda mi vida basada en la educación de acuerdo a la Torá: la Tefilá no se trata de mí y de lo bien que me siento; es sobre Di-s y mi conexión con Él. 

La conclusión de la Tefilá de Hineni es muy precisa: “Que sea Tu Voluntad Oh Di-s… que los ángeles traigan mi Plegaria ante el Trono de Tu Gloria y la extiendan ante Ti, en aras de Tu Glorioso, grande y reverencialmente temido Nombre …Bendito eres Tu, quién escucha la Plegaria.” 

No dice: “Que sea Tu Voluntad, Oh Di-s que salga de esta Tefilá sintiéndome realizado, pleno y aliviado”. Ése es un derivado de la experiencia exitosa de la Plegaria. No es un derecho, es un premio. 

Hay una historia jasídica famosa en la que un discípulo de un Rebe toma la imponente responsabilidad de tocar el Shofar en Rosh Hashaná. En todas las congregaciones, éste es un colosal honor y responsabilidad, pero en los círculos místicos es una tarea monumental que lleva meses de auto-preparación e intenso estudio de los significados místicos de cada sonido emitido por el Shofar.

El discípulo pasó varias semanas de intensa purificación y profundización de los textos cabalísticos. Tomó notas que pensó tener junto a él al tocar el Shofar.

El gran momento llegó y el jasid tembloroso metió la mano en su bolsillo para extraer sus notas, pero descubrió que el papel donde las había apuntado había desaparecido.

Su Rebe y la congregación entera estaban bajo su Talitot, esperando este momento abrumador cuando los humanos y Di-s se unen en el éxtasis espiritual al escuchar el sonido supra-humano del Shofar. No había tiempo para empezar a buscar el papel extraviado. Con el corazón quebrado tocó el Shofar, sintiendo durante todo ese tiempo que no era verdaderamente digno de la sagrada tarea y por consiguiente le había ocurrido esta tragedia.

Después del Servicio se acercó su Rebe, llorando amargamente y disculpándose profusamente por haberlo decepcionado. Para su gran asombro, una sonrisa resplandeciente se dibujaba en la cara del Rebe. “Los sonidos del Shofar” explicó el Rebe, “son como llaves, cada nota es una llave que abre una puerta en el camino a las Cámaras Reales más íntimas de Di-s.

“Te pedí que tocaras el Shofar, pues sabía que tienes la habilidad para estudiar y prepararte y utilizar cada llave para introducir a la congregación a través de cada una de las entradas del Palacio Celestial hasta llegar a las Cámaras Reales.

“Sin embargo,” continuó el Rebe, “hay una llave maestra, una llave que abre todas las puertas. Ésa es la llave del “corazón humilde y quebrado”. Ésa es la llave que has usado cuando tocaste el Shofar, y gracias a tus esfuerzos, el Shofar ha cumplido su cometido de la manera más eficaz posible.”

Además de ser una buena historia, esto resalta el punto que mis maestros intentaron introducir en mí, y que mi amigo tuvo éxito en hacérmelo vislumbrar.

Entender que la Tefilá no es mía. No está para que me haga disfrutar y provocarme un instante de placer. Es Di-s, y Él nos premia con un sentimiento de cumplimiento, alivio y esperanza. Sin embargo, esto depende de la manera en que encaramos la Plegaria. ¿Se trata de mí o de Él?

Mi amigo “el editor” contestó su propia pregunta. Toda la premisa de no encontrar un lugar de Tefilá o una Plegaria específica que “hecha para él” es desacertada. De hecho, la Plegaria tiene todas esas calidades liberadoras, pero nacen de la intensa humildad y falta de expectativa por el ego. La verdadera Tefilá se trata acerca del despojarse del ego y unificarse con Di-s, y esta unificación nos da una calidad de tranquilidad y realización Divinas. No al revés.

De hecho, el término Talmúdico para la Plegaria es avodá, que se traduce literalmente como “trabajo”. Es un trabajo orar correctamente. Y es un premio poder conectarse a través de la Tefilá y recibir sus propiedades terapéuticas.

Que Hashem nos bendiga para que seamos inscriptos y sellados para un año feliz, saludable y exitoso lleno de Tefilá significativa.

Busque una sinagoga, halle una Plegaria, y que este año nos permita estar a todos conectados.

Por Rabi Nejemia Schusterman, director del Beit Chabad de Peabody, Massachusetts

Pin pong de Rosh Hashanah

1. ¿Es el Año Nuevo Judío comparable al Año Nuevo Civil?

Básicamente no. El año judío, conforme al precepto bíblico que Di-s expresara a Moshé aún estando en Egipto, se basa en meses lunares.

Observando el calendario civil, podemos notar que el año Nuevo Judío puede ocurrir en cualquier fecha desde el inicio de septiembre hasta el inicio de octubre. Además, el Año Nuevo Judío es más que el mero cambio del calendario que cuelga en la pared de nuestra cocina; es un momento en el que cada Judío revisa con honestidad y a conciencia sus logros espirituales y rectifica cualquier cosa que exija ser mejorada.

Esto no significa que sea un momento triste del año, pues la tristeza no es una característica que nos lleve a muchos progresos útiles. Por lo tanto decimos que se trata de un momento “serio”. Los judíos dedican mucho tiempo a rezar, a pensar y a realizar actos caritativos en mayor medida que lo usual en el curso del año.

2. ¿Es Tishrei el primer mes del calendario Judío?

Depende de cómo se mire. Es el primer mes del año de acuerdo a la perspectiva de la responsabilidad personal por las acciones propias (algo así como el año fiscal empleado para propósitos contables, que no se corresponde necesariamente con el año calendario). Es el séptimo mes del año cuando contamos meses. La Torá nos dice que los meses se cuentan a patir de Nisan – el mes en el que los judíos salieron de Egipto. El Año Nuevo de Tishrei coincide con la fecha en que fueron creados Adam y Javá.

3. ¿Por qué acostumbramos a comer miel durante el mes de Tishrei?

A fin de que uno retorne adecuadamente y logre un grado más alto de compromiso con el judaísmo, es importante que mantengamos un estado mental positivo y optimista. Estamos seguros de que con la ayuda Divina, podremos cambiar nuestros hábitos para mejor, y así ser bendecidos con un año muy dulce. Gustar de la miel debe recordar- nos que no hay obstáculo para endulzar la vida de uno mismo y conseguir todas las bendiciones que se necesitan

4. ¿Por qué el simbolismo con la miel?

En la plegaria nosotros pedimos por un año ‘bueno y dulce’. Pedir simplemente por un año ‘bueno’ no es suficiente porque sabemos que muchas cosas que son penosas para nosotros, son realmente bendiciones encubiertas, de ahí que ‘bueno’ pueda ser también doloroso. Por tanto, especificamos “bueno y dulce”, una clase de bien que puede ser fácilmente apreciado.

Bueno’ puede ser entendido intelectualmente, pero “dulce” es una experiencia de los sentidos la cual aún un niño pequeño puede apreciar. Nosotros pedimos a Di-s por bondad simple, la dulce clase de bien que puede ser apreciada por todos, antes que aquella que es entendida sólo por personas de profunda fe. “Danos simple bien, dulce como miel”.Di-s se relaciona con nosotros como nosotros nos relacionamos con El. Si aceptamos Su palabra con simple, incuestionable fe, entonces El responderá con bien simple, sin complicaciones. Si complicamos la fe, aceptando sólo aquello que podemos captar intelectualmente, entonces Di-s puede darnos la clase de ‘bien’ que requiere gran esfuerzo intelectual para aceptar.

¡Que este Rosh Hashaná no falte un rico Leicaj de miel!

Ingredientes:
-2 huevos
-¾ vaso de miel
-1 vaso de azúcar
-1 vaso de aceite
-1 cucharadita de canela
-1 cucharadita de bicarbonato de sodio
-1 cucharada de polvo de hornear
– 2 ½ vasos de harina
– 1 vaso de cafe (hecho con 2 cucharitas de cafe)

Procedimiento:

Precalentar el horno a fuego medio bajo.

Mezclar todos los ingredientes hasta que se forme una preparación homogénea y sin grumos.
Colocar en budineras previamente aceitadas y cocinar 20 minutos aproximadamente hasta que salga el escarbadiente limpio.

No ortodoxo

Un Rabino dijo sobre sí que era: ¡No ortodoxo!. ¡No ortodoxo! ¡El término más descriptivo que he oído para representar al judaísmo real!

La creencia de que nada es de la manera que se supone que es, que todo tiene que cambiar, que tenemos que ser diferentes de todos los demás. ¿A esto se debe que los judíos son- los rezongones recalcitrantes, insurgentes, revolucionarios de la historia?, ¿y qué podría ser menos ortodoxo que eso?

¿Acaso el judaísmo no empezó con el paradigma de todos los iconoclastas? Imaginen a Abraham quebrando los ídolos en la casa de su padre, desafiando al rey Nimrod y a todas las normas sociales de la época. Imaginen a Moshé desafiando al Faraón, o Rabí Akiva y los Sabios que desafiaron al macizo Imperio Romano. ¿Esto es lo que se describiría como conducta “ortodoxa” ?

Ser judío es rebelarse. Negarse a contestar el teléfono en Shabat es una rebelión contra la tecnocracia. Guardar la dieta kosher es una rebelión contra el consumismo. Levantarse temprano por la mañana y envolverse en un paño de lana grande, blanca, y atarse tiras de cuero al brazo y colocarse cajas en el brazo y en la cabeza, uniéndose a otros en las esferas místicas y leer de un pergamino antiguo, es una rebelión sincera contra cualquier cosa considerada normal en la vida moderna.

¿Conocen la historia del rabino que está parado afuera en la calle buscando al décimo para su minián? Finalmente, encuentra a un judío. Pero el judío dice: “Lo siento, no estoy ‘enganchado’ con una religión organizada”.

“¡¿Si esto es una religión organizada,” el rabino exclama, ” qué estoy haciendo fuera, atormentando a los peatones?!”

¿Los judíos han sido alguna vez ortodoxos?, ¿existió un tiempo en la historia en que su apariencia y conducta fueron consideradas normales?

El Faraón pensó que estaban locos porque exigieron los derechos de los trabajadores. Los romanos pensaron que estaban chiflados porque no se deshacían de los infantes enfermos. La Iglesia pensó que eran perversos porque no se rendían a la fe de la mayoría. Los racionalistas pensaron que estaban “del tomate” debido a su misticismo, y los románticos los consideraron obtusos por su racionalismo. 

Los Naciones Unidas resolvieron que los judíos son raros sólo porque insisten en existir. Entretanto, todos terminaron adoptando nuestro pensamiento, pero todavía seguimos siendo una anomalía entre las personas.

El Judaísmo nunca puede ser llamado anticuado, porque nunca tuvo que ver con la moda.

¿Entonces, quién propuso este término: “Judaísmo Ortodoxo”?

Les diré: hace doscientos años, cuando el Emperador Napoléon Bonaparte decidió que él era el Mesías y los judíos debían ser liberados, nombró a varios líderes de la comunidad judía para formar un Sanhedrin, una Alta Corte de Rabinos y Estudiosos, como había existido en tiempos antiguos. Así que honrados, ellos casi convencieron a sus compañeros para que se les uniesen. Después de todo, Napoleón era la onda del futuro. Esto era progreso.

Pero algunos rabinos no visualizaron tal progreso. ¿Napoleón, un Mesías? ¿Y París, Jerusalén? Así que los rechazaron. ¡Y por esa negativa terca, para que entendieran cuán retrógrados y estrechos de mentes eran, fueron etiquetados como: ” los RABINOS ORTODOXOS!”

“¡Ortodoxo, schmorthodoxo,” contestaron, “pero el pequeño tipo con la mano pegada a su camisa no es el Mesías!”

Mi Rebe dijo una vez: “Las etiquetas son para las camisas”. De acuerdo, hay otras cosas que pueden llevar etiquetas. Como los Templos Reformistas, las Sinagogas Conservadoras, Reconstruccionistas de los bosques de pinos. Pero los judíos que encontrarán en esos lugares tienen todos sólo una etiqueta: judíos. Porque “judío” no es un término conductual. Es un estado esencial de ser. No es donde usted está, es a donde usted pertenece.

Así que si alguien les pide que describan los tres tipos de judíos de hoy, contesten así:

Hay tres tipos de judíos: 

1. judíos que hacen Mitzvot.

2. judíos que hacen más Mitzvot.

3. judíos que hacen más Mitzvot aun.

Y de esto se trata todo en realidad, porque un judío apenas si puede respirar sin hacer un Mitzvá. Es que ellos son demasiado no ortodoxos.

Por Tzvi Freeman, autor de Trayendo el Cielo a la Tierra.

La fuerza de una Mitzva sencilla

“Para que tengas lo bueno y alargues los días” (Devarim 22:7)

Por cumplir el precepto de ‘echar del nido’ (a la madre) -shiluaj hakan- que aparece en nuestra Parshá, la Torá adjudica una gran recompensa: “para que tengas lo bueno y alargues los días”1. Se pregunta aquí: este precepto es total- mente fácil de cumplir. ¿Por qué se retribuye por él un premio tan grande? Responde Rashi, que es precisamente esto lo que nos viene a enseñar la Torá: si por una Mitzvá sencilla, donde no hay erogación para el bolsillo, la Torá dijo “para que tengas lo bueno y alargues tus días”- ¡cuánto más será la recompensa dada por las Mitzvot graves!
Es decir, que la Torá eligió destacar una gran recompensa justamente en una mitzvá muy sencilla, que no implica erogación mo- netaria, para darnos una idea del extraordinario premio que espera a los observantes del resto de los preceptos, y especialmente, los preceptos graves, y que también significan costo económico.

SIN DIFICULTADES
Pero esta explicación requiere mayor clarificación: ¿si la Torá buscó especial- mente “una mitzvá sencilla”, podría haber elegido Mitzvot mucho más fáciles, que in- cluso no requieren acción alguna para cum- plirlas, como leer el Shemá, que es sólo con la palabra?
Sólo que lo que destaca al precepto de ‘echar del nido’ (a la madre), para calificarlo como ‘fácil’ es por no estar ligado a dificultad alguna. Esta Mitzvá es cumplida en una situación donde la persona no está ocupada con tema alguno, sino que de todos modos desea tomar los pichones o los huevos, y la única condición que se le exige es un acto insignificante- echar a la madre. Y sobre ello la Torá dice que su paga es grandiosa.

LA INMENSIDAD DE LA RECOMPENSA
En otros preceptos, como por ejemplo leer el Shemá, pueden surgir dificultades. Por ejemplo, cuando la persona está ocupada y dedicada en ese momento a otros temas, y debe dejarlos y para cumplir la Mitzvá- se requiere del hombre que se ponga fuerte e interrumpa sus temas para leer el Shemá. Si la Torá hubiera elegido esta Mitzvá para enseñarnos la inmensidad de la recompensa de quienes cumplen los preceptos, hubiéramos pensado que el premio se debe a que el cumplimiento de esta Mitzvá implica, a veces, lidiar con dificultades.

Por eso, la Torá eligió específica- mente al precepto de ‘echar del nido’, un precepto fácil en todos los aspectos: se trata de una acción insignificante, no implica dificultades y no requiere erogación alguna. Y sobre una Mitzvá tan fácil está escrito: “para que tengas lo bueno y alargues los días”
¡Cuánto más en el resto de los preceptos!

UNA MITZVA ARRASTRA UNA MITZVA
A continuación del precepto de ‘echar del nido’ está dicho: “cuando construyas una casa nueva, erigirás un cerco a tu techo”. Luego se detallan las leyes para los viñedos y el campo, la mezcla de lino y lana en la vestimenta, etc. Rashi acota al respecto: “si cumpliste el precepto de ‘echar del nido’, finalmente construirás una casa y cumplirás el precepto del cerco, puesto que un precepto arrastra un precepto, y llegarás a una vestimenta, un campo y ropas bellas” De aquí vemos, no solamente la dimensión de la recompensa por una “Mitzvá fácil”, sino también la fuerza que posee una “Mitzvá fácil”, para arrastrar Mitzvot adicionales.
Cuando se despierta la esencia del alma del judío, aunque en un principio encuentre esto su expresión en una “Mitzvá fácil”, esto lleva a continuación al cumplimiento de otros preceptos, a través de lo cual nos ha- cemos meritorios de ser inscriptos y sellados para bien, para un año bueno y dulce en todos sus detalles.

(Likutei Sijot Tomo 9, Pág. 133)

¿Por qué no hay juezas mujeres en la Torá?

PREGUNTA:

Estoy interesado en saber por qué las mujeres no pueden juzgar disputas en las leyes de la Torá. ¿Cómo es el caso de Débora, la jueza? ¿La sabiduría está limitada a los hombres? ¿Las mujeres no tienen la habilidad de distinguir entre dos puntos en una disputa?

RESPUESTA:

La Torá no trae una razón de por qué las mujeres no pueden ser juezas en casos civiles. El Talmud Yerushalmi dice que las mujeres no pueden ser juezas y trae varias pruebas escritas. La regla está codificada en el Código de la Ley Judía. En este contexto, la regla es algo sorprendente. A lo largo de la Torá escrita y oral nos encontramos con que los hombres consultan a las mujeres y siguen su consejo, a partir de Abraham “obedeciendo a la voz de Sara¨, Iaakov siguiendo el consejo de su madre, y después de consultar con sus esposas antes de salir de Harán (a pesar de que ya había sido encargado de ello por Di-s). Del mismo modo,   es con el asesoramiento de una mujer sabia que el Rey David salva una ciudad entera. Numerosas mujeres se citan en el Tanaj y en el Talmud por su sabiduría, sin embargo, no encontramos ningún caso en el cual deciden situaciones civiles.

 La excepción aparente es la historia de Débora, la profetisa, sentada debajo de su palmera datilera mientras “la gente viajaba a ella para un juicio”. Rabeinu Asher escribe que Débora no pudo haber juzgado las controversias por sí misma, ya que a las mujeres no se les permite juzgar. Por el contrario, ella tuvo que haber estado instruyendo a los jueces hombres cómo deben juzgar. Obviamente, la restricción no tiene nada que ver con la experiencia o incluso la inteligencia: aquí tienes la experta en el juicio y sin embargo ella misma no podía juzgar.

Una posible explicación se refiere a las distintas formas en que las mentes masculinas y femeninas operan. La investigación actual apoya la creencia común de que las mentes de los hombres y mujeres son diferentes y sobresalen en diferentes áreas. ¿Cómo estas diferencias se aplican a juzgar una disputa?

En la sentencia de cualquier disputa, hay dos pasos discretos. El primero es el de escuchar a cada parte y tratar de ver la situación desde múltiples perspectivas. Por esta razón, no está permitido juzgar un caso en que él personalmente fue testigo ( ya que se le hace imposible ver cualquier punto de vista distinto). Del mismo modo, un juez que es de mente estrecha y sólo puede ver una perspectiva a la vez no es un juez competente. Extremadamente raro es el caso de que una de las partes es 100% culpable, mientras que el otro es 100% inocente. De hecho, en casos de pena capital, si ningún juez ha presentado un argumento en el mérito de la defensa, la sentencia no es válida.

El segundo paso en el juicio requiere una facultad enteramente diferente. Después que el juez ha pesado y evaluado todos los puntos de vista presentados, debe determinar con certeza quién tiene razón y quién está equivocado. El primer paso requiere de un entendimiento (Biná), la capacidad de comparar las ideas de unos a otros y sentir las cualidades de cada uno. El segundo paso requiere una aptitud completamente diferente, lo que a veces se llama “daat Jazak”, una comprensión fuerte. Esto no es un entendimiento comparativo, sino una unión sólida a una sola idea.

¿Cómo se relaciona esto con la neurología masculina y femenina? Al describir la creación de la primera mujer, los Sabios toman el verbo “vaiven”, “y Él construyó”, que también puede leerse como “entendido”. Ellos comentan que la mujer fue creada con un sentido de comprensión más allá de la del hombre. La implicación tácita es que este es un requisito necesario para su papel como un “ezer kenegdo”, un compañero que va a ofrecer una visión alternativa, que el hombre por sí mismo no puede ver. De hecho, los Sabios talmúdicos aconsejan al hombre que “se agache y deje que su esposa le susurre en su oído” cuando se enfrentan a una nueva decisión en la vida, especialmente cuando se trata de cuestiones sociales. Este sentido más profundo de comprensión es probablemente también un componente clave en el papel de la mujer como “la madre de toda la vida”, nutrir las mentes pequeñas para convertirse en más grandes.

Por otro lado, se dice que los hombres tienen un mayor sentido de “daat”, asumir compromisos firmes y decisivos que no se pueden doblar fácilmente. Debo admitir que en mi experiencia personal, pocos hombres han cumplido con esto. Sin embargo, eso no niega la noción de que esto es una cualidad más masculina que femenina. Cualquier suposición que podamos hacer respecto a esto, no son más que conjeturas humanas. La Torá es una disposición de la sociedad de acuerdo a lo Divino, no humano. Las diferencias son obvias, e incluído entre ellos:

Los seres humanos deben trabajar con la naturaleza humana como algo dado y luego desarrollar las reglas de gobierno, Di-s diseña la naturaleza humana de acuerdo a las normas que Él desea que deben regirse. Para que podamos comprender entonces lo más profundo de estas normas debemos comprender nuestra propia naturaleza y la naturaleza de todas las cosas, algo de lo que ninguna criatura es realmente capaz. Sin embargo, creo que podemos decir lo siguiente: El hecho de que la Torá prohíbe a una mujer juzgar los litigios civiles y los casos de capital, de ninguna manera implica que no es una fuente de consejo y sabiduría para los hombres. Por el contrario, la narrativa de la Torá parece que nos da instrucciones de que este es su papel, tanto a través de la historia de su creación, como las historias de las muchas mujeres sobresalientes en nuestra historia a quienes le debemos nuestra supervivencia como un pueblo.

Por: Tzvi Freeman

Libre albedrío ¿Natural o sobrenatural?

“Ve, he puesto ante ti hoy la bendición y la maldición. La bendición, si prestarás atención a los mandamientos del Señor tu Di-s…Y la maldición, si no prestarás atención a los mandamientos…” Deuteronomio, 11:26-28

La Libertad de Elección es uno de los núcleos principales de nuestra religión, y de hecho cada sistema judicial se basa en esta idea. Un robot o una computadora, no son premiados por ejecutar una misión noble, ni merecen castigo por realizar algún acto inmoral. No tenemos prisiones para almacenar computadoras que han difundido virus… Todo el crédito o la culpa es de los programadores. Si los hombres fuésemos robots sin habilidad de poder elegir libremente, entonces tampoco mereceríamos castigo. Ciertamente, los elementos más violentos de la sociedad todavía deberán ser retenidos en algún tipo de facilidad correccional, no por-que se los culpa por su comportamiento, sino para proteger al resto de la población, así como los depredadores salvajes deben ser retenidos lejos de la sociedad, pero nadie puede culparlos por sus actos, así como no podemos condenar al león o al águila por su naturaleza depredadora, o darle crédito a los delfines por su disposición amistosa.

El hecho que penalizamos a los criminales (y esto ha sido un método aceptado para poder lidiar con los criminales, por todas las civilizaciones a lo largo de la historia), muestra que la sociedad siempre ha reconocido que el ser humano posee una intuición de distinción entre lo correcto y lo incorrecto, y tiene la habilidad de elegir entre los dos, y por ende, es responsable por cualquier decisión que toma.

¿Pero es correcta esta facultad? ¿Disfruta de verdad el ser humano de la Libertad de elección? ¿Hay alguna diferencia entre el ser humano y las otras criaturas que Di-s creó que se comportan según la naturaleza que Di-s les otorgó, ya sea para bien o para mal?

Hoy en día, se nos dice que casi todos los comportamientos dañinos pueden ser a causa de problemas genéticos. La persona que es un cleptomaníaco, o un individuo que es obeso, impulsivo, depresivo, etc, es porque tiene alguna falla genética. Si no es un tema de genes, entonces debe tratarse de alguna experiencia traumática de la niñez. Quizá perdió a un ser querido cuando era joven, fue abusado por sus padres, proviene de una familia disfuncional, o no ha recibido la suficiente atención de su maestro. Si ninguno de estos factores pueden explicar el comportamiento destructivo de la persona, entonces significa que no puede afrontar el pago de un psicólogo competente, uno que puede hacer un mejor diagnóstico, y que explique por qué no se lo debe culpar…

Es por eso que Di-s declara: “Ve, he puesto hoy ante ti la bendición y la maldición”. De hecho, la Libertad de Elección no es una cualidad original del ser humano; naturalmente, la persona debe ser obligada a comportarse de acuerdo a su naturaleza, una naturaleza que es formada por una combinación de genética y experiencias de vida. Pero Di-s le dice a cada persona: “no importa tu naturaleza, crecimiento, e inteligencia, no importa qué golpes has experimentado, Yo te garantizo la habilidad de ser santo como Moshé”. Y lo mismo es cierto al revés: incluso alguien que ha sido criado por padres rectos, y tiene la disposición natural de hacer lo que es correcto, tiene la habilidad de elegir también el mal y alejarse de los caminos de Di-s.

Uno nunca debe pensar que nunca será una persona espiritual: “no está dentro de mi naturaleza”. La naturaleza de la persona es meramente un desafío que Di-s garantiza que podemos sobrellevar.

El mito de la caridad

Los judíos no creen en la caridad. No te dejes engañar por su filantropía legendaria, por su saturación de movimientos sociales y humanitarios. Los judíos no practican la caridad, y el concepto es virtualmente inexistente en la tradición judía.

En vez de caridad, el judío da tzedaká – la palabra significa “rectitud” y “justicia”. Cuando el judío contribuye con su dinero, tiempo y recursos al necesitado, no está siendo benévolo, generoso o “caritativo”. Él está haciendo lo que es correcto y justo.

Se cuenta una historia acerca de un jasid adinerado que recibió una carta de su Rebe, Rabi Abraham Yehoshua Heshel de Apta, solicitándole que le diera 200 rublos a un amigo jasid para salvarlo de la ruina financiera. Este jasid rico contribuía regularmente con su Rebe en acciones caritativas, pero esta carta en particular le llegó en un duro momento financiero y contenía un pedido de una suma excepcionalmente grande. Después de cierta consideración, el jasid decidió no responder al pedido del Rebe.

Al poco tiempo la fortuna del jasid comenzó a disminuir: Una de sus empresas fracasó gravemente, luego otra y al poco tiempo había perdido todo.

– “Rebe”- gritó, cuando pudo lograr una audiencia privada con su Rebe, Rabi Abraham Iehoshua, “Yo sé por qué me ha sucedido esto. ¿Pero fue mi pecado tan terrible como para merecer tan severo castigo? ¿Acaso es correcto castigar sin advertencia? ¡Si usted me hubiese dicho la importancia de dar esos 200 rublos, hubiera seguido sus instrucciones al pie de la letra!”

“Pero tú no has sido castigado de ninguna manera”- contestó el Rebe

– “¿Qué me está diciendo? ¡He perdido toda mi riqueza!”

– “Nada tuyo fue tomado de ti” – dijo el Rebe. “Cuando mi alma bajó a la tierra, cierta cantidad de recursos materiales me fue asignada para usarla en mi trabajo. Sin embargo dedique mis días y noches a rezar, estudiar, enseñar Torá y asesorar a aquellos que vienen a mí en busca de orientación y no dejé ningún tiempo para la tarea de administrar todo ese dinero. Estos recursos fueron puestos en la confianza de un número de ‘banqueros’ – gente que podía reconocer reconocería la importancia de apoyar mi trabajo. Cuando no pudiste llevar a cabo tu papel, mi cuenta contigo fue transferida a otro banquero.”

En nuestro mundo, tan evidentemente – y a veces violentamente – dividido entre la prosperidad y la pobreza, existen dos perspectivas generales en abundancia y característica:

a) Que éstas son las posesiones legítimas de los que las ganaron o heredaron. Si eligen compartir incluso una pequeña parte de las mismas con otros, esto es un acto noble, digno de alabanza y ovación.

b) Que la distribución desigual de los recursos terrestres entre sus habitantes es una parodia. Poseer más que otros es una injusticia, incluso un crimen. Dar al necesitado no es una “buena acción” sino la rectificación de error.

La tradición judía rechaza ambas opiniones. De acuerdo a ley de la Torá, dar al necesitado es un mitzvá – un mandamiento y una buena acción. Esto significa que, por un lado, esto no es un acto arbitrario, es solamente un deber y una obligación. Por otra parte, es una buena acción – un crédito para aquel que reconoce su deber y lleva a cabo su obligación.

El judío cree que la abundancia material no es un crimen, solamente una bendición de Di-s.

Una persona que fue bendecida por la riqueza, debe verse a sí mismo como a un “banquero” de Di-s – una persona privilegiada, en la que Di-s deposita su confianza para entregar los recursos de Su creación a otros.

Di-s podría asignar porciones iguales de Su mundo a todos sus habitantes. Pero entonces este mundo no sería solamente nada más que una exhibición de las energías creativas de Di-s, predecible como un juego de computadora y estático como una exhibición de museo. Di-s deseó un mundo dinámico en el cual el hombre, es también un creador y abastecedor. Un mundo en el que cual los controles, se han entregado hasta cierto punto a los seres que tienen la energía de elegir entre satisfacer o renunciar su papel. Así la ley judía requiere que cada individuo de tzedaká – incluso si uno mismo es sostenido por la tzedaká de otros. Si el propósito de la tzedakáa fuera simplemente rectificar la distribución desigual de abundancia entre ricos y pobres, esta ley no tendría ningún sentido. Tzedaká, sin embargo, es mucho más que eso: es la oportunidad concedida a cada persona para sentirse un “socio con Di-s en la Creación.”

Dar tzedaká es, sobre todo, una lección de humildad. Frente a nosotros se encuentra un ser humano menos afortunado que nosotros. Sabemos que Di-s podría proveerlo fácilmente de todo lo que él requiere, en vez de enviárselo a través de mí.

¡Aquí hay una persona que está sufriendo pobreza para darnos la oportunidad de hacer un hecho de Sagrado! De la misma manera, si la Providencia Divina nos coloca en el papel de recepción de un acto caritativo, no debemos sentirnos desmoralizados por la experiencia. Para nosotros que sabemos que Di-s podría fácilmente proporcionarnos todas nuestras necesidades y que nuestra situación actual es simplemente para conceder a otra persona la capacidad de hacer un hecho Sagrado. Nuestro “benefactor” nos está dando el dinero o cierto recurso; nosotros le estamos dando algo mayor – la oportunidad de ser un socio de Di-s en la Creación. En las palabras de nuestros sabios: “más de lo que el hombre rico hace por el pobre, el pobre hace por el hombre rico.”

Por Yanki Tauber, basado en las enseñanzas del Lubavitcher Rebe.

¿Quién compuso la bendición para después de las comidas?

La obligación de expresar gratitud a Di-s luego de comer una comida, está escrita claramente en la Torá: “y vas a comer y serás saciado, y deberás bendecir a Di-s, tu Di-s, por la buena tierra que El te ha dado”.

Los Sabios Talmúdicos han sacado la conclusión de este versículo que la alabanza debe contener tres componentes. Debe incluir gratitud a Di-s por:
1- La comida que han consumido
2- La Tierra Santa
3- Jerusalém

Por lo tanto, estas tres bendiciones de Alabanza son una obligación bíblica. Sin embargo, originalmente, cada persona redactó esas bendiciones de la forma que ellos vieron que quedaba bien. No había un texto estándar.

La estructura, es decir, los conceptos generales que deben incluir, fueron añadidos a las primeras tres bendiciones en etapas:
– La primera vez que el Maná cayo del cielo, Moisés desarrolló la primera bendición, agradeciéndole a Di-s por el sustento.
– Cuando el Pueblo Judío entró a Israel, Ieoshúa estructuró la segunda bendición, agradeciéndole a Di-s por la Tierra.
– Cuando el Rey David fue coronado en Jerusalém, compuso el esquema básico de la tercera bendición, agradeciéndole a Di-s por Jerusalém. Cuando la construcción del Primer Templo fue completada, el Rey Shlomó agregó a esta bendición la mención del Templo, la joya de la corona de Jerusalém.
Cuando los hombres de la Gran Asamblea instituyeron un texto de plegaria estándar, lo hicieron también con la bendición para después de las comidas. Ellos desarrollaron un texto básico para estas tres bendiciones, que es el que usamos hasta hoy en día.

La cuarta y última bendición es totalmente rabínica y fue instituida (estructura y texto) por el Sanhedrín en la ciudad de Yavne en el año 3908 (148 AEC). Esta bendición, alabando a Di-s por ser “bueno y benéfico” fue instituida para conmemorar el tremendo milagro que ocurrió cuando los Romanos permitieron enterrar a los fallecidos de Beitar.

Por: Rab Naftali Silberberg

Encontrando tu Fortuna

Hasta hace poco, él había sido el hombre más rico de la ciudad, pero la rueda de la fortuna lo llevó a convertirse en un mendigo, sin dejar rastros de su antigua fortuna y riqueza.

Más terrible que la pérdida de sus lujos, y de la vida anterior que tanto había disfrutado, era su imagen pública. Se había acostumbrado tanto a la forma diferente en la que todos lo trataban. Había sido tan placentero sentirse bienvenido por todos, y tratado con el mayor de los respetos. Había disfrutado de poder ofrecer opinión en cada cosa y añoraba terriblemente la habilidad de poder ganarse la opinión pública con solo algunas palabras bien elegidas.

Antes, había pensado que su consejo era valorado independientemente, pero ahora, que había sido relegado a acatar órdenes, estaba forzado a mirar a otros disfrutar de la adulación que alguna vez le había correspondido a él.

¡Pero ahora estaba volviendo! Había enfrentado la tormenta, y re invertido el capital, y con algunos golpes de suerte, volvió a lo que era antes. No sólo había vuelto a ser rico, sino que además, le había vuelto la sabiduría.

Le consultaban frecuentemente, y la gente lo aplaudía por su perspicacia e inteligencia. Todos iban a pedirle sus consejos, y le felicitaban por su disposición de querer compartir.

La única persona que no se dejó llevar, era el magnate mismo. Muy frecuentemente se oía recalcándose a sí mismo, acerca de lo agradecido que estaba por el breve período que se encontró en “la sombra”, para que poder ver quienes eran sus verdaderos amigos y cual era la estima social verdadera de sus opiniones y pensamientos.

¿No es extraño que cuando alguien es acaudalado, automáticamente se le atribuyen muchas otras cualidades? ¿Por qué asumirías lógicamente que los subastitas por ejemplo, tienen un gran aprecio por el arte o que pueden confiarse para decidir la política pública? No todos los financieros son gigantes intelectuales. La adquisición de dinero demanda ciertos tipos de habilidades y dotes, y esto no necesariamente se transporta a otras disciplinas.

La Torá nos advierte acerca de desarrollar una visión equivocada de la realidad.

Sé cuidadoso en no olvidar a Di-s y en faltar en cumplir Sus mandamientos…Debes comer y saciarte, construir buenas casas y morar en ellas. Al crecer tu rebaño, tu oro y tu plata y todo lo que posees, tu corazón puede volverse arrogante y puedes olvidarte de Di-s. (Deuteronomio 8:11-13)

Una lección permanente para todos sobre los peligros del lujo y la riqueza, aunque codificada en las palabras, y se puede leer en el mensaje sobre cómo relacionarnos con la riqueza del otro.

Sólo porque una persona posea casas, oro y plata, no hay que asumir que todo lo demás crecerá también. Mantén las cosas en perspectiva, la riqueza no confiere legitimidad intelectual. En el Judaísmo, la sabiduría es atribuida tradicionalmente a aquellos que estudian Torá. Los eruditos son nuestra verdadera aristocracia y el rol del hombre rico es mantener al estudio de la Torá y ayudar al funcionamiento de la sociedad.

La riqueza puede ser un desafío para aquellos que fueron bendecidos con ella. Recuerda siempre quiénes son tus verdaderos amigos. El dinero va y viene, pero la personalidad dura para siempre. Si te olvidas de este recordatorio, corres el riesgo de volverte arrogante y desagradecido.

El desafío para el resto de la sociedad es aceptar y honrar a un hombre de manera proporcional a su intrínseco valor, no a su balance bancario. Estamos orgullosos de los valores de nuestra Torá y nos sostenemos en ellos, a pesar de todo. Nunca debemos olvidar que Di-s es Quien gobierna el mundo y que debemos responder solamente a Él.

Por Elisha Greenbaum