El Ángel y el Borracho

Por Yanki Tauber

Iom haKipurim (el día del perdón) es también llamado así porque es un Yom k´Purim, “un día como Purim”.

Parece que difícilmente se podría encontrar dos días más disimiles en el calendario judío. Iom Kipur es el día más solemne del año. Es un día de búsqueda del alma y el arrepentimiento, el día en que nos conectamos con el núcleo intangible de la pureza dentro de nosotros, con el ser que permanece para siempre manchada por nuestras faltas y transgresiones, para sacar de él la expiación por el pasado y resolver para el futuro. Por lo tanto, es natural que Iom Kipur debe ser un día de espiritualidad sin límites, un día en que trascendemos lo físico a fin de estar en comunión con nuestra esencia espiritual. La Torá nos ordena “afligirnos” en Yom Kipur, para privar al cuerpo de los alimentos y bebidas y todos los placeres físicos. Iom Kipur es el día en que el hombre terrestre se parece al ángel celestial.

Purim, por otro lado, es el día más físico del año. Es un día en el que festejamos y bebemos, tanto es así que el Talmud afirma que “una persona está obligada a beber en Purim hasta que no sepa la diferencia entre el “maldito Haman” y el “bendito Mordejai “. Como nuestros Sabios explican, en Purim se celebra la salvación del pueblo Judío. Hay festividades (como Januca) que nos recuerda una época en que el alma Judía se vió amenazada, cuando nuestros enemigos se esforzaron por desarraigar nuestra fe y profanar la santidad de nuestras vidas, los cuales están marcados con las consiguientes observancias “espirituales” (por ejemplo, encender la Menorá, la recitación del Halel). En Purim, sin embargo, fue el cuerpo Judío que se salvó, Hamán no planeó asimilar o paganizar a los Judíos, sino destruírlos físicamente a todos, mujeres y niños sobre la faz de la tierra. Purim se celebra por lo tanto mediante la lectura de la Meguilá, dando dinero a los pobres, enviando donaciones de alimentos a los amigos, comiendo una comida suntuosa, y bebiendo.

En Iom Kipur ayunamos y oramos, en Purim festejamos. Sin embargo, el Zohar ve a los dos días similares, yendo tan lejos como para interpretar el nombre de Iom HaKippurim (como llama la Torá el día de Iom Kipur) con el significado de que es “un día como Purim” (Iom k’purim).

Razones y loterías

Purim significa “lotería. Lleva este nombre debido al sorteo que hizo Hamán para determinar qué día del año los Judíos iban a ser asesinados, Di-s no lo permita. Las Loterías también son un tema central en el día de Iom Kipur, ya que uno de los momentos mas dramáticos del Servicio de Iom Kipur en el Templo Sagrado era cuando el Kohen Gadol (Sumo Sacerdote) se paraba entre dos machos cabríos y sorteaba cuál debería ser ofrecido a Di-s y cuál debería llevar los pecados de Israel en el desierto.

Una lotería representa la idea de sobrepasar el ámbito de la motivación y razón. Éstos se hacen cuando en el análisis final no queda ninguna razón para elegir una opción sobre la otra y así el asunto queda a cargo de algo que está mas allá del control y comprensión de la persona. Ahí radica la importancia de los sorteos que realizaba el Kohen Gadol en Iom Kipur. Luego de que se haya dicho y hecho todo, estamos ante Di-s con nuestras faltas, y según el criterio racional, nos encontraríamos haciendo falta Su juicio. Es por esto que vamos mas allá de nuestro ámbito racional, del mérito y la culpa. Dejamos de hacer todo lo que nos identifica como seres físicos, no comemos ni bebemos etc. Sorteamos nuestro destino con Di-s, confiados en que El responderá en términos que identifican nuestro vínculo por excelencia con Di-s, más que por las escalas existenciales del pro y contra.

La lotería de Hamán fué su intento de explotar la supra existencia de lo Divino a un final opuesto. “El pueblo Judío”, dijo Hamán, “podrían ser los perseguidores de la sabiduría de Di-s en la tierra y los ejecutores de sus mandamientos, y así ameritando Su favor y protección. Pero seguro que Di-s, en esencia, está por encima de todo, mas allá de nuestra razón terrenal y sus nociones de “virtud”, “merecimiento” y conceptos tales como “bueno” o “malo”. La voluntad divina es tan arbitrario como tirar unos dados. ¿Por qué no intentarlo?, podría atrapar un capricho celestial corriendo en mi dirección”.

Como el Talmud nos relata: “cuando el sorteo de Hamán cayó en el mes de Adar, él se regocijó diciendo: La lotería ha caído para mí en el mismo mes en el que Moisés falleció”. Esto es lo he estado diciendo todo este tiempo. Moisés pudo haberles dado la Torá a Israel, pero también es mortal. Moisés es parte de la realidad física, una realidad que fue trascendida por el “sorteo” que yo he accedido. Mi lotería indica que he sustituido a Moisés y el mérito de Israel ante los ojos de Di-s.

En lo que falló Hamán en darse cuenta, agrega el Talmud, es que mientras que Adar fue el mes en el que falleció Moisés, también fue el mes en el que nació. En el análisis final, la intención del sorteo de Haman fue completamente opuesta a la que él entendió. Moises pudo haber “fallecido”, pero la relación de Di-s con Su pueblo trasciende la realidad terrenal. También en el nivel en el que “la oscuridad es como la luz” y donde el “bien” y el “mal” son igual de insignificantes ante Él, Di-s elije, por ninguna razón, sino por Su propia elección, al pueblo de Israel. Como dicen las palabras del Profeta: “¿No es Esav un hermano para Iaakov?, dice Di-s. Pero yo amo a Iaakov”. También cuando la realidad parece arbitraria, como tirar los dados, para el Justo Iaakov no vale más que el malvado Esav, el sorteo Divino inevitablemente cae con su Pueblo elegido.

Es por esto que la festividad de Purim deriva su nombre del sorteo que hizo Hamán. Ya que no es simplemente un detalle en la historia, sino el único evento que nos expresa lo que representa.

Iom Kippur es de hecho “un día como Purim”: ambos son puntos en el tiempo físico que trascienden las leyes mismas de la existencia física. Puntos en los que nos elevan por encima de la estructura racional de la realidad y afirman nuestro vínculo supra-racional con Di-s.

Pero también hay una diferencia significativa entre estos dos días. En Iom Kipur, nuestra trascendencia se expresa por nuestra negación de todas las trampas de la vida física. Pero el hecho de que éstos “interfieren” con el carácter supra-existencial de éste día, indica que no somos totalmente libres de ellos. Es por esto que Iom Kipur es sólo “un día como Purim” (k’purim), ya que alcanza sólo una apariencia de la esencia de Purim.

La marca final de la trascendencia no es cuando lo que va a ser trascendido se suprime, sino cuando éste mismo Sirve el final trascendente. El milagro de Purim fue la afirmación de Di-s de Su elección al pueblo de Israel, sin embargo fue un milagro investido en la naturaleza. No hubo mares que se dividieron, o aceite que duró ocho días. Todo pasó de una forma natural: La belleza de Ester ante Ajashverosh, y éste la hizo su reina, Mordejai escuchó el plan para matar a Ajashverosh, etc. De hecho, el nombre de Di-s no se menciona ni una vez en el Libro de Ester. Es por esta misma razón que Purim es el mayor de los milagros, un milagro en el que no es simplemente el orden natural eludido o sustituido, pero en el que la naturaleza se convierte en el instrumento de lo milagroso.

Lo mismo ocurre en el nivel individual: la trascendencia última de la materialidad no se logra al privar al cuerpo y suprimiendo lo físico, sino a través de la transformación de lo físico en un instrumento de la voluntad Divina. Es por esto que “Purim” es el día en que nosotros somos “muy” físicos, y al mismo tiempo exhibimos una abnegación a Di-s que trasciende todos los parámetros de lo físico-racional, trascendiendo incluso los axiomas: “maldito Haman” y “bendito Mordejai”.

Iom Kipur es el día en el que el Judío se eleva por encima de las limitaciones del mundo físico y la racionalidad. Purim es el día en el que el Judío vive una vida física, como intermediario para una supra-física y supra-racional compromiso con Di-s.

Basado en lo que dijo el Rebe en Purim del año 5718 (1958-9) y otras ocasiones.

Las características propias del pueblo de Israel

“Y para los judíos hubo luz, alegría, regocijo y honor” (ESTHER 8:16)

Luego de haber tenido lugar el milagro de Purim y que Hamán el malvado sufriera su caída, la Meguilá- el rollo con la historia de Ester- describe la alegría del pueblo judío con las palabras: “Y para los judíos hubo luz, alegría, regocijo y honor”. Sobre ello explica la Guemará que en este versículo se hace alusión a cuatro preceptos sobre los que Hamán decretó su incumplimiento, y cuando se anuló su decreto, los judíos pudieron cumplirlos sin miedos: “Luz”-se refiere a la Torá, “alegría”- son las festividades bíblicas, “regocijo”- es el precepto de la circuncisión, y “honor”-se refiere a los Tefilín. Cada uno de estos cuatro preceptos se caracteriza por ser una señal- una insignia3(del vínculo especial) entre el pueblo de Israel y el Altísimo. Ese fue justamente el motivo de por qué Hamán el malvado decretó contra su observancia, puesto que no podía soportar la singularidad del pueblo judío, que se refleja en su vínculo especial con el Altísimo.

LA PECUALIARIDAD DE ESTAS INSIGNIAS

Era de esperar, que los preceptos que cumplen la función de ser una señal entre el pueblo de Israel y Hashem sean aquellos que no tienen paralelo entre los demás pueblos, y de esa manera habrán de resaltar la peculiaridad del pueblo judío. Pero, en realidad, todos estos preceptos mencionados tienen prácticas similares también entre otros pueblos: La Torá, palabras inteligentes y de sabiduría- también hay en las demás naciones. Festividades y efemérides sonparte de la práctica de todos los pueblos.La circuncisión- también muchos nojudíos se circuncidan. Tefilín- muchos pueblos acostumbran a portar una insignia especial que identifique al pueblo o a la tribu a la que pertenecen. Surge entonces la pregunta: ¿con qué expresanestas señales la peculiaridad específicadel pueblo judío?

SANTIDAD EN LO MATERIAL

Pero justamente es aquí donde tiene su expresión la singularidad del pueblo judío. En los campos donde no hay parecido alguno entre lo judaico y lo que nolo es, no hay necesidad de una señal quemarque la diferencia. La señal se requiere específicamente en aquello donde a simple vista parecería haber una similitud- aspecto que se comparte con los demás pueblos- y ahí es donde las señales marcan lo judaico.

LO QUE NOS SEÑALA

Torá: en las naciones, el concepto de‘Torá’sería la sabiduría y la lógica,mientras que para los judíos, la esenciade la Torá radica en que es superior a lalógica. La Torá que fue entregada por Di-s en el Monte Sinaí es por definición la Sabiduría del Altísimo, totalmente superior a la lógica y razón humana.La alegría de las Festividades: la definición convencional de lo que es alegría y festejo va de la mano del desenfreno y del dar rienda suelta a los instintos, mientras que en lo judaico, la verdadera alegría lleva a mayor devoción a Hashem. Circuncisión: Maimónides explica que la circuncisión debilita el deseo por los placeres terrenales, y por ende, el circuncidarse tendería a generar descontento. Pero en los judío, la circuncisiónes motivo de regocijo, como está escrito“me regocijo yo en Tu palabra”, refiriéndose el término regocijo a la circuncisión. Tefilín: es práctica universal que las insignias y símbolos identificatorios sean elegidos por su belleza y atractivo, mientras que los judíos nos vestimos con Tefilín que consta de cajitas de cuero, de color negro, con correas negras, sólo que dentro de ellas se encuentra escrito “Escucha Israel Hashem nuestro Di-s, Hashem es Uno” .Esta es la particularidad del pueblojudío, y por eso estos preceptos son suseñal identificatoria.

(LIKUTEI SIJOT TOMO 3), PáG. 916

Miztvot pre y post Purim

Ayuno de Ester: (jueves 25)

Para conmemorar la plegaria y el ayuno del pueblo judío durante la historia de Purim, ayunamos el día antes de Purim. Este año ayunamos el lunes 9 de marzo. El ayuno comienza aproximadamente una hora antes del amanecer y dura hasta el anochecer. Consultá el horario exacto de tu ciudad en www.jabad.com



La "media moneda" (Majatzit HaShékel) (jueves 25)

Es una tradición dar tres monedas en denominaciones “medias” -por ejemplo, tres monedas de medio dólar- a obras de caridad, para conmemorar el medio shékel con que cada judío contribuía como su parte en las ofrendas comunales en el tiempo del Templo Sagrado. Esta costumbre, generalmente realizada en la sinagoga, tiene  lugar en la tarde del “Ayuno de Ester” o antes de la lectura de la Meguilá.



Shushan Purim (viernes 26, sábado 27 y domingo 28)

En ciertas ciudades amuralladas antiguas —Jerusalém es el principal ejemplo— Purim no se celebra el 14 de Adar (la fecha de su observancia en el resto del mundo), sino el día 15. Esto es para conmemorar el hecho de que en la antigua ciudad amurallada de Shushan, donde las batallas entre los judíos y sus enemigos se extendieron por un día más, la celebración original de Purim tuvo lugar el 15 de Adar.

 

El 15 de Adar se llama “Shushan Purim”, y es un día de alegría y celebración también en aquellos lugares donde  se observa Purim el día 14 de Adar.

 

Cuando Shushan Purim cae en Shabat, como este año, en Jerusalem las MItzvot de Purim se dividen en tres días, observando algunas el viernes, otras el Shabat y las restantes el domingo. Es por eso que se lo llama “Triple Purim”



Parasha en sintesis – Tetzave

Di-s ordena la utilización del aceite de oliva para el encendido de la Menorá o Candelabro del Santuario, el mismo que se utilizará posteriormente en el Beit Hamikdash o Templo. El aceite era aportado por toda la comunidad. 

Se utilizaba el aceite de mayor pureza, las primeras gotas extraídas de los olivos. El Talmud explica que ese aceite representa la pureza del estilo de vida judía basó en la Torá; como expresión divina, representa la luz interior, la espiritualidad y testimonia la Presencia Divina en el mundo. 

Un milagro especial ocurría con una de las luces de la Menorá, “ner maaravi”: aun cuando se le ponía la misma cantidad de aceite que a todas las demás, permanecía encendida por más tiempo. Cuando el Sacerdote o Cohén limpiaba por las mañanas, encontraba encendida esa luz y con ella prendía todas las demás por la tarde.  Esto fue indicación de la presencia de la Shejiná (Providencia Divina) y duró hasta la muerte de Shimón Hatzadik (Simón el justo).

Aharón y sus cuatro hijos, Nadav, Avihú, Elazar e Itamar, fueron escogidos por Hashem para ser Cohanim (Sacerdotes). Aharón, hermano de Moshé, es el primer Cohén. En cambio Moshé, quien se suponía que sería Cohén, es designado por Di-s como Levi, por su negativa en primera instancia, de ir a Egipto y Liderar a Bnei Israel, cuando Di-s se lo había ordenado. 

Los sacerdotes tenían que usar vestiduras especiales para el servicio en el Santuario. Todas estaban hechas de lino blanco y constaban de una camisa, pantalones, cinturón y turbante. El Cohén Gadol o Sumo Sacerdote usaba además las llamadas vestimentas de oro, pectoral y efod, manto y tzitz (banda de la cabeza).

El Sumo Sacerdote se ponía ocho vestimentas en total, número que representaba un nivel de trascendencia, de conexión con lo extramundano. Cada prenda de vestir estaba relacionada con la expiación de las distintas faltas que pudieran ser cometidas por el pueblo. 

Estas vestimentas tenían un profundo significado místico y espiritual, y por tanto, debían ser elaboradas según las instrucciones divinas y por personas sabias, conocedoras de la Torá. 

El pectoral estaba formado por doce cuadros, cada uno con una piedra preciosa que representaba las distintas tribus. Las letras de los nombres de Abraham, Itzjak y Iaacov, estaban distribuidas de tal modo que en cada piedra preciosa había seis letras, lo cual totalizaba el alfabeto, que era necesario para la combinación de los mensajes de urim vetumim. Las matriarcas estabas representadas en las cuatro filas. 

Las seis letras en cada tribu simbolizaban la Creación del mundo en seis días. El total de letras, 72, corresponden a las 72 letras que componen el nombre de Di-s y que sostuvieron la Creación durante la formación del mundo. A la vez, están relacionadas con el versículo olam Jesed Yibané, “el mundo se sostiene en base a la bondad, misericordia”, jesed, que también tiene el valor número de 72. 

Los urim vetumim eran pergaminos en los cuales Moshé había escrito las 72 letras del nombre de Di-s y que hacían que el pectoral se alumbrara para dar respuesta, a través de las diferentes combinaciones de letras, a las consultas o decisiones que afectan a todo el pueblo de Israel o a un tribunal (Beit Din) para la obtención de una sentencia definitiva. 

Estas vestimentas utilizadas por Aharón (y luego por el Sumo Sacerdote del Templo) fueron las mismas que se llevó Nabucodonosor a Babilonia como botín, después de la destrucción del Primer Templo. Son las que el rey Ajashverosh se puso en el festiv que daba para consolidar su poderío y del cual surge toda la historia de Purim, que se celebra el 14 de Adar. 

Gente singular

Purim se trata de ser diferente

Hamán se quejó al rey Ajashverosh que “no existe una nación singular, dispersos y divididos entre las naciones en todas las provincias de tu reino, cuyas leyes son diferentes de las de todas las naciones ….” Una “nación singular” Ajashverosh dijo, diferente y único a pesar de su dispersión, no pueden ser tolerados,acordó con Hamán que “no vale la pena que el rey lo deje ser … debe ser decretada su destrucción”.

La respuesta Judía al decreto de Hamán fue intensificar su singularidad. En lugar de seguir las tendencias asimilacionistas, que comenzaron con el exilio de la Tierra Santa tres generaciones antes, se reunieron bajo la dirección de Mordejai, con un compromiso renovado con su singularidad como pueblo de Di-s.

Después de relatar la historia de la caída de Hamán y la victoria de Israel, el Libro de Ester resume el milagro de Purim en una frase: “Para los Judíos había luz, felicidad, alegría y prestigio”. El Talmud interpreta estas palabras como un referencia a las cuatro características principales que distinguen al pueblo judío: “Luz” es la Torá,” felicidad” son las fiestas,”alegría” es la circuncisión, y el “prestigio” son los tefilín”.Hay, por supuesto, 613 mitzvot (mandamientos Divinos) y numerosos principios, leyes y costumbres que conforman la fe Judía, pero estos cuatro son señalados como las matrices de la singularidad Judía.

Semejanzas distintivas

A simple vista parecería totalmente lo contrario, que estos cuatro preceptos en realidad reflejan la similitud de Israel con otras naciones.

El estudio no es exclusivo de los Judíos: prácticamente todas las comunidades y culturas tienen su credo y filosofía, un conjunto de escritos en los que se basan, y un ejército de académicos que lo estudian, interpretan y la aplican. Además, la Torá no se limita al pueblo de Israel; varias religiones se basan en ella, incluyendo dos que abarcan más de la mitad de la raza humana. Incluso algunos de los planteamientos específicamente Judíos de la Torá (como el Talmud, los escritos de Maimónides o de las enseñanzas de la Cábala) son universalmente conocidos y estudiados.

Las festividades son también una característica común de todas las sociedades. Es cierto que sólo los Judíos comen matzá en Pesaj y tocan el Shofar en Rosh Hashaná, pero el concepto de una festividad, o una fecha señalada para su celebración y observancia, es universal. Cada nación, cultura y religión tiene su calendario de fechas que marcan los acontecimientos históricos, y conmemoran esas fechas con apropiados rituales y costumbres.

Lo mismo puede decirse de los tefilín: sólo el Judío une estas cajas de cuero y correas a su brazo y cabeza como símbolo de su compromiso con Di-s, pero una vez más el concepto es universal. El anillo de mujer casada, el uniforme del soldado, todos estos son signos que se usan como una demostración de nuestra lealtad a un determinado grupo o causa. En cuanto a la circuncisión, es un procedimiento bastante común, practicado por muchos por razones de salud y otros.

Sin embargo, la Torá, las festividades, la circuncisión y los tefilín, o como el Libro de Ester se refiere a ellos, “la luz”, “felicidad”, “alegría” y “prestigio”, son las piedras angulares de la distinción Judía. Es cierto que las naciones y las sociedades tienen otros elementos similares, o prácticamente idénticos, en su doctrina y estilo de vida, pero la experiencia judía de estos elementos, es diferente, hasta incluso la antítesis a sus homólogos universales.

De hecho, esta es la marca definitiva de la distinción: cómo uno difiere no en aquellas áreas en las que uno es obviamente diferente, sino en las que externamente son similares, pero internamente mundos aparte.

Sabiduría femenina

¿Cómo la Torá Judía difiere de la concepción universal del aprendizaje? La clave está en el Libro de Ester en la palabra hebrea “ora”, que es la forma femenina de “luz”, que aparece en referencia a la Torá.

Toda sabiduría, cuya función es iluminar y aclarar, es la luz, pero hay luz masculina y femenina. La luz masculina es auto-generada, original y agresiva, en cambio la luz femenina es receptiva. La inteligencia masculina es la mente que explora lo desconocido, originando nuevas ideas, eliminando conceptos erróneos. El intelecto femenino es la mente que se abre a recibir de una fuente superior, desarrollando la gran cantidad de detalles y aplicaciones inherentes a ella.

El estudio de la Torá emplea tanto las funciones masculinas como femeninas de la mente, pero el mayor énfasis está en lo femenino. A pesar de sus sutilezas Talmúdicas, la Torá no se trata de intelecto en absoluto, éste no es mas que una “prenda”, un medio para transmitir la esencia supra-racional que lo inviste. El estudio de la Torá es, en primer lugar, para entregarse a una revelación de Divinidad verdadera, para transformar la mente en un receptáculo para la sabiduría y la voluntad de Di-s. La mente del Sabio de la Torá no es un generador de ideas, sino una matriz que recibe la Divinidad verdadera y luego la desarrolla como un principio racionalmente estructurado o ley.

El pasado presente

La función universal de una fiesta o festividad, es para celebrar y conmemorar el pasado. La función de las fiestas Judías es para revivir el pasado, o más bien para descubrir la esencia atemporal de un suceso del pasado que lo hace real para su presente existencia.

El Judío no recuerda exactamente el Éxodo en Pesaj. A través de la observancia de las mitzvot Divinamente ordenadas de Pesaj , se accede al regalo Divino de la libertad de lo que es el Éxodo, logrando con ello un “Éxodo” personal, una liberación de las restricciones que esclavizan su propia vida. Lo mismo puede decirse de la entrega de la Torá en Shavuot, la consecución del perdón en Iom Kipur, y así sucesivamente: la fiesta judía es una ventana atemporal en el tiempo, haciendo los eventos “pasados” accesibles y realizables.

Una festividad es una ocasión “feliz”. Pero, nuevamente, la felicidad experimentada por el Judío, a pasar que superficialmente es similar a la felicidad de un no-judío, es radicalmente diferente. Para el celebrante no-judío, una festividad es una vía de escape, sumergiéndose en un pasado alegre y optimista, y seguramente así es capaz de ignorar sus problema presentes.

El Judío también trasciende el presente en sus fiestas, y también para él, esta es una fuente de alegría. Pero la suya no es una alegría para escaparse. Por el contrario, es la alegría de penetrarse a la esencia de su día actual para descubrir el que no hay tiempo pasado en el. Es por esto que es una alegría disciplinada, una alegría que rompe las barreras externas, mientras amplía su enfoque interno. Es una alegría que lo hace más responsable y solidario.

La festividad en la que la distinción de la celebración Judía sale más vívidamente a la luz es Purim. En Purim se le ordena al Judío “beber hasta que no se puede distinguir entre el “maldito Haman” y “bendito Mordejai”. Beber, sobre todo hasta el punto de la irracionalidad, es generalmente un anatema para el Judío, es el Purim donde podemos ver el estado poco común de un Judío ebrio.

La Alegría del Sacrificio

La circuncisión es una práctica bastante común. Muchos lo hacen por razones de salud, otros por razones religiosas. En cualquier caso, la decisión de circuncidar es una cuestión de pasar por el dolor para ganar algo. El procedimiento es doloroso, hay elementos de riesgo (como ocurre con todos los procedimientos quirúrgicos), y se dice que disminuye el placer sexual. El estadounidense que decide circuncidar a su hijo podría decir: “Ciertamente, hay desventajas, pero los beneficios de la salud hacen que valga la pena”. El niño musulmán podría decir: “Claro que duele, pero me gano la entrada al cielo.”

Lo que es único acerca de la Judío es que, para él, la propia circuncisión es percibido como algo positivo y deseable. Cualquiera que haya asistido a un Brit Milá entiende por qué el Libro de Ester hace referencia a ella como una “alegría”, uno no recibe la impresión de que estamos “pagando un precio” para algún tipo de recompensa en el futuro. El Judío alegremente desea entregarse a Di-s no por los resultados o recompensas.

De hecho, se puede decir que la circuncisión representa a todos los”sacrificios”, se trata de entregarse a uno mismo en el sentido más físico y literal. El concepto de sacrificio es, por supuesto, universal. El hombre está siempre haciendo sacrificios por el bien de su futuro, sus seres queridos, su país, sus convicciones. Pero el sacrificio es siempre para luego recibir algo a cambio en el futuro (en la propia vida o en el más allá) o por un deber ineludible. Para el Judío, el sacrificio por orden de Di-s es una alegría.

De ahí el sorprendente fenómeno, racionalmente inexplicable: prácticamente todos los Judios, independientemente del compromiso religioso, practican la circuncisión. Judíos que se definen como “ateos”, o como “progresistas”, circuncidan a sus hijos. Judíos que emergieron de siete décadas de dominio soviético desprovistos de cualquier conocimiento o apreciación por el Judaísmo, inmediatamente organizan circuncisiones para ello mismos, sus hijos y sus nietos. La circuncisión, para el Judío, es acerca de lo que es, y no de lo que hace por él.

Cajas Negras

El cuarto definidor de la singularidad Judía son las cajas de cuero negro, los tefilín, que contienen pergaminos en el cual están inscriptos capítulos seleccionados de la Torá, que se ponen en el brazo y la cabeza como símbolo de nuestra relación con Di-s.

Cada comunidad y cada cultura tienen sus propias prendas y adornos que usan como símbolos de su identidad. A causa de lo que representan, estos reflejan, naturalmente, las concepciones de belleza y prestigio: el oro brillante de anillo de la novia, el impecable uniforme del general, etc, todos encarnan una persona o grupo orgullosos de quienes son.

El tefilín se destaca por su sencillez. Dos simples cajas, las cuales la Torá ordena que sean sin adornos y estén pintadas de negro. Los tefilín no transmiten el orgullo, sino la subyugación de la mente, corazón y acciones del Judío al Todopoderoso.

Sí, los tefilín son el prestigio del Judío, pero éste no es por su representación estética, sino por su Servidumbre a Di-s, a través de la unión de su intelecto, emociones y talentos con la voluntad Suprema.

En Purim celebramos la salvación de un pueblo singular: un pueblo cuyo aprendizaje, festividades, sacrificios e insignia de honor son tan comunes, pero sin embargo, muy únicas.

Basado en un discurso del Rebe en Purim 5719 (1959)

La reina que perdió todo

Estaba de pie junto a la ventana del palacio, mirando hacia la ciudad iluminada. Los sonidos de la celebración y la diversión desde el barrio judío, se oían a lo lejos.

Tenían razón para celebrar; Para ellos acababa de comenzar una vida de liber-tad. Para ella acababa de terminar.

Por cada lágrima que limpió, otras dos aparecieron. Su corazón se partió al medio. Una mitad se regocijó con el des-tino de su gente, la otra mitad se lamentó por la suya.

Ella dejó de luchar contra sus lágri-mas al recordar el principio del fin.

La vida había sido perfecta. Estaba fe-lizmente casada con Mordejai, uno de los mejores hombres de la tierra, y alimentó sueños inocentes de tener una familia.

Sueños de los que fue despertada bruscamente.

Era un día que nunca olvidaría. Habían venido por ella, los guardias del rey. De alguna ma-nera se habían enterado. La gente habla.

Entonces se convirtió en reina, y triste. Su cara sonreía pero su corazón llo-raba. Ella encantó a todos, pero no pudo ser encantada. Estaba lejos de casa, y solo ella sabía cuán lejos. Pero todo esto fue por una buena razón, había dicho Mordejai. Cuál era esa buena razón, ella no lo sabía, ni cuándo lo haría.

Su sacrificio fue enorme. El palacio se había convertido en su prisión. Sus habitantes valoraban todo lo que ella no hacía. Lo que les complacía le causaba in-comodidad. Además, mantener su fe era desafiante, mucho más que su práctica.

Su único rayo de sol brillaba por la noche, cuando en ocasiones lograba esca-par del lujoso complejo del rey a la mo-rada de Mordejai, para estar con él. El tiempo que pasaba con Mordejai era el aire fresco que le permitía regresar al agua y esperar hasta el día en que Haman tuvo algo que decir.

Se decretó que los judíos estarían fuera de su camino.

De repente, la razón para que ella se convirtiera en reina, la que Mordejai no había revelado, se volvió rotundamente clara. Era como llevar gafas por primera vez.

“¿Y quién sabe si no es por el este momento que alcanzaste esta posición real?”.

Había orden en el caos. La luz al principio del túnel estaba encendida.

Daría todo para que su gente sobre-viviera. Su vida ahora tenía un propósito diferente al suyo. Di-s había puesto sus esperanzas en ella, y ella lo enorgullecería.

“..Iré al rey, aunque sea impropio, y si pe-rezco,   perezco”.   Sí. Todo.

“Aunque  es  impropio” tiene un doble significado de acuerdo con los Sabios.

Además de ser ilegal y castigable con la muerte, ir a Ajashverosh, por su propia voluntad, disolvería su matrimo-nio con Mordejai para siempre.

Como si alguno de los dos fuera un mal menor.

Ambos caminos llevaron a un callejón sin salida.

Su sueño de sol brillante al final de su túnel se volvió nublado. Fue enton-ces cuando comenzó el final de su historia.

Su nombre era Ester. La reina Ester Esta historia explica por qué el Rollo de Purim se llama Ester, por su heroína, quien arriesgó y sacrificó todo por su pueblo.

También explica por qué Ester soli-citó que su pergamino se convirtiera en parte de las Escrituras.

No para conmemorarse, sino para inmortalizar su mensaje.

Truma-“Cada judío debe construir un santuario”

En esta parshá los iehudim reciben la orden de construir un Mishkan, Santuario, y en las parshiot siguientes la Torá nos relata los detalles al respecto. Pero, cuándo exactamente tuvieron lugar la orden y la posterior donación de   los   elementos   necesarios para  el Mishkán? De acuerdo al Zohar, el mandato y los  correspondientes  donativos sucedieron inmediatamente después de la entrega de la Torá, antes del pecado del becerro de oro. La segunda opinión de los Sabios indica, que la orden Divina de la construcción sucedió en Iom Hakipurím,   luego   del   perdón por el pecado del becerro de oro. Una tercer línea de pensamiento dice que la indicación   de   Di-s   fue   dicha   a   Moshe Rabeinu antes del pecado, y Moshé la transmitió   a  los   hijos de   Israel   sólo luego de Iom Kipur.

TRES SITUACIONES

De acuerdo a estas tres posturas resulta que los judíos se encontraban en tres   situaciones   distintas   al   ser   encomendada la construcción del Santuario. De acuerdo al Zohar (que dice que la orden fue dada antes del pecado) los iehudím   estaban en el  nivel de Tzadikim (justos), ya que la salida de Egipto   y   la   entrega   de   la   Torá   los limpiaron de todas las impurezas. Sin embargo de acuerdo a la opinión de que esto sucedió luego de Iom Kipur, cuando Hashem perdonó el pecado del becerro de oro, los judíos estaban a la altura de Baalei Teshuvá (retornantes). El tercer punto de vista señala que la orden fue dada antes del pecado y su concreción fue luego de Iom Kipur. Y aunque el pueblo de Israel estaba en la condición de Reshaím (malvados), no se les anuló la orden de construir un  Santuario.

TZADIKIM Y BAALEI TESHUVÁ

Partiendo del dictamen talmúdico sobre las opiniones divergentes de los sabios “Unas y otras son palabras del D-os Viviente”, de las tres interpretaciones   podemos   tomar   una   enseñanza para cada tipo de judío. El judío que es un Tzadik (justo y piadoso), puede pensar que debido a su nivel tan elevado no debe tener contacto alguno con el  mundo  material.   Es preferible desconectarse de lo terrenal, dedicándose únicamente a temas espirituales. La Torá le   ordena   entonces, construir   un   Mishkán!.  También  un Tzadik debe tomar el oro, la plata, el cobre, etc, siendo elementos materiales y convertirlos en una Casa para Di-s!.

El Baal Teshuvá (retornante) puede pensar, siendo que el materialismo lo hizo caer en sus redes, es preferible aislarse totalmente del mundo, para que no vuelva a desviarse. Viene la Torá y le indica lo contrario, con los elementos mundanos permitidos debe erigir un Mishkán para Di-s, y de esta forma también completará su Teshuvá (retorno), haciendo   uso   de   su   relación   ya adquirida con el mundo material en aras de la Torá y Di-s.

TAMBIÉN EL MALVADO

Pero aún podemos confundirnos y pensar, que mientras la persona no haya retornado completamente al camino que marca la Torá, queda excluido de construir un Santuario para Hashem. Aquí la tercer opinión nos enseña que, la orden de construir el Mishkán no se anuló siquiera luego del pecado del becerro de oro,   y   que   aún   antes   de   la Teshuvá seguía vigente el mandato de levantar un Santuario para Di-s. Y cómo un malvado puede realizar semejante tarea?. La respuesta es que, cuando se ocupe del estudio de la Torá, y el cumplimiento de las Mitzvot, finalmente la luz que de ellas emana lo conducirá a la senda correcta.

La importancia de la vida de hogar


Después de muchas horas de buscar comida, un pájaro vuelve a su nido, y obtiene   un   bienestar   supremo   de   un lugar que es a la vez cálido y seguro, alejado de los peligros y distracciones del mundo exterior.

Un   ser   humano   debería   sentir   la misma   calidez   y   seguridad   cuando vuelve a su hogar. El hogar y la familia son su nido, el centro de su vida, el eje a partir del cual irradian todas las experiencias cotidianas. Nuestra casa y familia deberían ser el lugar donde más cómodos nos sentimos en el mundo, tanto cuando niños como cuando adultos. Ellos determinan cómo se toman las decisiones de la   vida,   ellos   conforman nuestras   actitudes,   conciencia y autoestima. Un hogar sano es obviamente un ingrediente vital en la procura de una vida plena de sentido.

Más   importante,   el hogar   es   el   sitio   donde   aprendemos sobre la felicidad y la plenitud. Piensen en la calidez que sienten cuando vuelven a casa tras una ausencia de unos meses, o inclusive de unos pocos días.

¡Qué diferencia entre este calor y lo que experimentamos en el mundo exterior!

Nuestro hogar es una base segura que nos da la confianza de explorar el terreno de un mundo impredecible y a menudo peligroso.

Así como una persona sana puede dar su salud por sentada, muchos de nosotros no apreciamos la belleza del hogar. Las actitudes y el amor de nuestros padres nos dan una base a partir de la   cual   construimos   nuestras   propias vidas. Para apreciar el vigor de un hogar realmente provisto de amor, sólo debemos mirar lo que pasa cuando un hogar no sirve a esta función. Lamentablemente, no debemos mirar muy lejos.

Mucha gente hoy no ha tenido nunca un verdadero hogar, un ambiente cómodo donde supieran que eran queridos, necesitados y amados; donde no había nada que temer y donde los problemas se enfrentaban, en lugar de ignorárselos o negárselos; donde podían aprender a amar y ser amados.

Es   responsabilidad   de   los   padres construir un hogar feliz y sano; no sólo por el bien de sus hijos, sino por sí mismos y por los invitados que entran en su casa. Tener un hogar saludable depende en gran medida de nuestra postura ante el tema. ¿Sentimos que nuestro hogar es nuestro auténtico hogar, el lugar más apacible   del   mundo,   o   apenas   otra estación   en   el   camino, donde   hacemos   algunas cosas antes de seguir adelante? Un verdadero hogar debe ser el centro de nuestras   vidas, o inevitablemente   se   volverá   una carga. Debemos aprender a respetar   nuestro   hogar.

Parte del respeto al hogar está en respetar el compromiso de construir una familia: la bendición que nos ha dado Di-s de tener hijos, de llenar la casa con amor y calidez.

Es importante recordar esto: nuestro trabajo puede ser importante y necesario para la supervivencia, pero el lugar de trabajo no es nuestro hogar. Ni lo es el restaurante donde comemos, el museo que visitamos, o la ciudad extranjera por la que viajamos.

La persona debe sentirse cómoda con uno misma. Esto significa sentirse cómodo   con   su   alma,   con   la   Divinidad que hay dentro de uno. Que el yo   externo,   la   parte   que   trata   con   el mundo material, está en paz con el yo interno, el verdadero yo. Y eso hace de nuestra persona un lugar cómodo para que en él viva Di-s. Cuando uno irradia desde adentro, da calor a todo el hogar,   llenándolo   con   paz   y   ternura que serán sentidas por todos los que entren.

¿Un Rebe Mentiroso?

R’ Abraham Iehoshua Heschel de Kopischnitz [1888 – 16 Tamuz 1967] siguió el camino de su predecesor, el Apter Rov en ser un verdadero Ohev Israel, amante de los iehudim. 

En la Norteamérica de las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, él cargó el peso del dolor y sufrimiento de innumerables personas en sus débiles y frágiles hombros. 

De hecho, a menudo cuando oía los problemas de otros, rompía en un llanto ingobernable. El pesar de sus prójimos judíos lo atormentaba mucho más que sus propias aflicciones, y en innumerables oportunidades, el Rebe puso su nombre y honra en riesgo, en un esfuerzo por ayudar a otros. 

Una vez, un sobreviviente destrozado del infierno Nazi se presentó a la puerta del Rebe, llorando histéricamente. Recién había llegado de Europa y esperaba establecerse en América. A su esposa, sin embargo, se le había negado la entrada, debido a su salud deficiente y estaba en Isla de Ellis a la espera de la inminente deportación. El hombre estaba inconsolable y repetía que si su esposa era deportada, él no pensaría dos veces y se quitaría su propia vida. “¡No se preocupe, por favor, no se preocupe!”, imploró el Rebe. “¡Le prometo que la semana próxima su esposa estará aquí junto a usted!”. Al oír las palabras del Rebe, un sentimiento inmediato de calma invadió al hombre apenado y, librado de preocupación, se marchó como una persona nueva. 

R’ Morgenshtern, uno de los jasidim que había sido testigo de la escena, juntó valor y le preguntó al Rebe cómo era posible dar una garantía categórica como esa con tanta facilidad. ¡No era menos que prometer un milagro!. 

“¿Usted vio cuán histérico estaba este pobre hombre?” el Rebe preguntó. “Mi primera preocupación era tranquilizarlo y gracias a Di-s tuve éxito. Por lo menos durante la próxima semana se sentirá bien. Si después de una semana, ve que yo estaba equivocado y su esposa fue deportada, dirá: ‘Abraham Iehoshua no es un verdadero Rebe, Abraham Iehoshua es un mentiroso’. Pero por lo menos durante una semana, logré traer un poco de esperanza a su vida.” 

Con estas palabras el Rebe tomó su Tehilim (Libro de Salmos) y empezó a recitar los versículos con intensa emoción. Cuando las lágrimas caían copiosamente sobre su rostro, podía oírse su súplica: “¡Por favor Hashem, por favor, haz que Abraham Iehoshua no diga una mentira! Sólo estaba intentando ayudar a un judío en una situación patética. ¡¡¡Por favor no me permitas ser un mentiroso!!!” Y de esta forma, por largo rato, sus oraciones continuaron en la noche. 

Hashem oyó sus pedidos y a la semana siguiente le fue concedida la visa a la mujer para quedarse en América, y reunirse con su marido.

Parasha en sintesis: Mishpatim

Los Diez Mandamientos y las leyes civiles y personales a las cuales se refiere esta Parashá, así como todas las 613 mitzvot, fueron dadas por Di-s en el Monte Sinaí y tienen carácter de permanencia y eternidad propias de las Leyes Divinas. 

Después de dar la Torá al pueblo judío, Di-s le dijo a Moshé que ascendiera de nuevo al Monte Sinaí por 40 días, con el fin de enseñarle los detalles de las leyes de la Torá. Parashat Mishpatim es principalmente la selección de las leyes que Di-s le enseñó a Moshé mientras estuvo en el Monte Sinaí. 

Antes de explicar las leyes, Di-s decretó que el pueblo judío estaba obligado a establecer un sistema de tribunales con el fin de tratar todos los casos de derecho penal, civil y ritual. Di-s le explicó las leyes relativas a los sirvientes, obligaciones maritales, el asesinato, el honor a los padres, el secuestro y la indemnización por lesiones.

El mandamiento de prestar dinero se aplica incluso si el prestatario posee bienes que se pueden vender. Así que a diferencia del mandamiento de dar caridad, está destinado a beneficiar no sólo a los pobres sin también a los ricos. Si somos reacios a prestar dinero a alguien que no es pobre debemos considerar la posibilidad de que en una vida anterior los papeles pueden haber sido invertidos: es posible que hayamos sido el beneficiario de un préstamo o algún otro tipo de ayuda de la persona que no está solicitando el préstamo actualmente. Esta es nuestra oportunidad de devolver su buena acción. 

Una de las leyes era de no mezclar la leche y la carne – no se debe comer un animal joven cocinado en leche de su madre. Ya que se considera un acto de crueldad consumada. La Torá también nos prohíbe cocinar cualquier animal en cualquier otra leche de animal, comer una mezcla de este tipo, o incluso obtener cualquier otro beneficio de ella. 

Las precauciones que la Torá toma para alejarnos de causar sufrimiento a un animal demuestran cuánto cuidado debemos tener para evitar causar sufrimiento a un ser humano. 

Las leyes contenidas en la Torá, indicativas del modo de vida judío, no tienen la pretensión de ser originales, pero si tienen una particularidad que no poseen otras leyes: derivan de una autoridad sobrehumana, del Creador del universo y de todo lo que hay en Él, conocedor a plenitud de la naturaleza humana. 

En el Judaísmo, el bien y el mal no son determinados por el hombre, sino por Di-s. Está claramente establecido lo que se debe hacer (248 mitzvot de “hacer”) y lo que no se debe hacer (365 mitzvot de “no hacer”); esa determinación no queda a juicio de los humanos. No es el hombre quien define según su opinión el bien o el mal, éste está definido previamente; lo que la persona puede hacer  es elegir entre ambos, una vez que los conoce. 

La observancia o no de las leyes o preceptos no determina la condición del judío, quien lo es por esencia y no deja de serlo: eso no depende de su elección.

Las leyes en el judaísmo no sólo cumplen con las necesidades sociales de organización y orden, sino que tienden a perfeccionar al hombre en su crecimiento y desarrollo. No sólo procuran la protección de la persona frente a los demás, sino que también frente a sí mismo; fijan un sistema de justicia, pero a la vez forjan la base moral y ética del individuo. No permiten que el hombre sea esclavo de sí mismo, de sus limitaciones. 

Las leyes judías, a diferencia de las elaboradas por los humanos, tiene el carácter de ser inflables; además, no están sujetas a consideraciones subjetivas ni intelectuales, a épocas, modas o lugares determinados. Sólo se puede asegurar una moral apropiada si está basada en la Torá. 

La evidencia histórica del nazismo y otros episodios de la historia judía demuestran que no son los hombres los calificados para determinar el bien y el mal, porque pueden llegar a la justificación de las acciones más abominables. 

La acción, la mitzvá en el judaísmo, tiene un lugar central. El pueblo Judío es el pueblo que en el Sinaí dijo: “Naasé Ve´Nishmá”, “Haremos y luego entenderemos” (estudiaremos). La acción produce sus efectos, aún cuando no la comprendemos racionalmente, ni sean inmediatamente visibles sus resultados. Está dirigida no sólo al perfeccionamiento individual, sino al mejoramiento y elevación de este mundo en general.

No es suficiente “sentirse judío”, no basta la intención. Sentirse judío sin actuar en consecuencia es como sentirse una persona decente, pero sin actuar decentemente. 

Los preceptos, tanto los de “hacer” como los de “no hacer”, se dividen en tres grandes categorías:

  • Edut (testimonios), preceptos que rememoran eventos pasados, por ejemplo, el Shabat, que es testimonio de la Creación del Mundo y de la salida de Egipto; Pésaj, Sucot, etc. 
  • Mishpatim o leyes, los que tienden a mantener el mundo civilizado y son propios de la naturaleza humana, por ejemplo, no matar, no robar. 
  • Juquim o decretos, aquellos ordenados por Di-s sin que tengan explicación desde el punto de vista lógico o racional, por ejemplo, Kashrut (leyes dietéticas) o Shatnez (prohibición de mezclar lino y lana en la vestimenta).

Los diferentes tipos de preceptos deben ser cumplidos por igual, no porque nos parezcan más o menos lógicos, sino porque nos son ordenados por Di-s para nuestro bien, aún cuando a veces no tengamos la capacidad de entenderlos. 

Para realizar una acción no es necesario que previamente la comprendamos a la perfección. Hacerlo sería ponerse en la situación de la persona que, hasta tanto no entienda a cabalidad todos los complicados mecanismos de digestión y descomposición de los alimentos, decide no comer. Si lo hiciera así, se debilitaría y le sería imposible entender el mecanismo. Si en cambio come, el mismo acto de comer le ayuda a la comprensión de la totalidad. La acción tiene una dimensión insustituible, lo mismo sucede con el ejercicio de la Torá y las mitzvot. 

La revelación de la Torá en el Monte Sinaí configura el puente de unión entre Di-s y el hombre y permite que la persona, mediante su acción, puede convertirse en socio de Di-s en la Creación. 

Haremos y entenderemos

Al decir “haremos” antes de “estudiaremos”, los judíos declararon que estaban preparados para cumplir en forma incondicional la voluntad de Di-s, aceptando sus mandamientos aún antes de saber cuáles eran. Es por este comportamiento que Di-s continúa dándonos la Torá, aún hoy – al revelar su voluntad en la medida en que estudiamos Su Torá y cumplimos sus preceptos. 

Pudiera parecer irracional para el pensamiento convencional comprometerse con un contrato, antes de conocer sus términos. Está conexión sería posible en la medida en que Él estuviera presente en la naturaleza, sin que ello significara el compromiso de que hiciéramos su voluntad, pero la única manera de conectarse con Di-s, tal como Él es, más allá de la Creación y la racionalidad, es elevándonos sobre los límites de la racionalidad. Por lo tanto, en nuestros días, tal como aconteció en la entrega de la Torá, nos unimos a Di-s dedicándonos a la Torá en forma incondicional.